Hoy ha sido un día especial, donde he podido escuchar la voz de la razón muchísimo más fuerte que la voz de la pasión, para variar un poco.
El Presidente Piñera anunció (por fin) que el Estado comenzará a encargarse del equipamiento de 78 liceos técnicos y que el presupuesto 2012 permitirá una cobertura de más del doble de esa cifra (MinEduc). Esa era la señal que estábamos esperando hacia los establecimientos de Educación Media Técnico Profesional hace tiempo y, por fin, hoy apareció.
Asimismo, escuchamos que mañana se reunirá con todos los Presidentes de Partidos Políticos para comenzar las conversaciones que generen los acuerdos necesarios para las modificaciones legales que requiere la reforma al Sistema Educacional. Esa es una excelente noticia, porque cualquier reforma pasará necesariamente por el Congreso y necesitamos que el trámite legislativo sea tan rápido como la prudencia aconseje.
También fuimos testigos del acuerdo en 17 puntos al que llegó el Consejo de Rectores con la CONFECH, quedando pendiente sólo el punto 18, referido al término de las tomas (no de las movilizaciones) para retomar el trabajo académico. Aquí debemos, necesariamente, detenernos en el ejemplo de democracia que la CONFECH está dando. El CRUCH sostiene que la CONFECH puede, per-se, "ordenar" el fin de las tomas, a lo que la CONFECH replica que enviará la información a sus bases y serán los alumnos de cada plantel quienes decidan si siguen o terminan su toma. Eso, justamente, es lo que se llama democracia, porque la CONFECH si bien representa a los alumnos, no tiene atribuciones para darles "órdenes". Es por ésto que sostengo que el acuerdo está en los 18 puntos y no sólo en 17.
Tiempo para exigir, tiempo para implementar
Para los establecimientos de Educación Básica y Media se vienen tiempos de cambio fuerte y profundo. Ya es un secreto a voces que el Gobierno está a favor de terminar con la administración Municipal de Escuelas y Liceos, hecho que está apoyado por sinnúmero de estudios que avalan la necesidad imperiosa de este cambio.
Este será un proceso largo y difícil que necesitará de un monitoreo continuo por especialistas y, más deseable aún, por las Comunidades Escolares. Lo más probable es que optemos por un modelo de Administración por Consejos Locales, con Escuelas y Liceos dirigidos por Directores seleccionados por la vía del Concurso Público (no importando mucho si es de Presentación o de Oposición) y con personal Docente aún más comprometido, por la vía de mejores remuneraciones y mayor sentido de pertenencia.
El Movimiento Social de este último año ha sido, innegablemente, el motor de estos cambios tan necesarios como urgentes para nuestros niños. Debemos tener en cuenta que todos los cambios implementados con altura de miras ayudarán a reducir el desagradable e indeseable resultado de más de 100.000 niños que terminan cada año su período escolar y NO ENTIENDEN LO QUE LEEN (Educacion2020).
Basta darse el tiempo de leer sitios de opinión o páginas de redes sociales para observar la pobreza de lenguaje y la imperiosa necesidad de mayor foco en la lectura para todos nuestros niños.
Ha llegado, menos mal, el tiempo de promover los Proyectos de Ley necesarios para poner en práctica estos cambios de fondo que nos harán enorgullecernos aún más de nuestro País, al verlo abandonar los "puestos de honor" en rankings de desigualdad y mala calidad de educación.
La Democracia, el motor del cambio real
Estos cambios radicales pueden ser implementados sólo de dos formas: unilateral (requiere una dictadura que lo permita) o concensuada (utilizando canales democráticos). Como no tengo la mínima gana de volver a una dictadura, apoyo firmemente la vía democrática, que por mucho tiempo ha sido el medio que ha impulsado los mejores períodos de nuestra vida republicana.
Es imprescindible, para ello, que todas las personas interesadas en apoyar reformas específicas participen en el proceso democrático; mientras más adherentes tenga cada comunidad escolar, mayores posibilidades de representación habrá en los cambios.
Espero de corazón que sean millones los jóvenes que se incorporen al Registro Electoral este año, para que cuando llegue el momento de participar, puedan hacer valer su pensamiento siguiendo los caminos que extiende una sociedad que aspira a ser cada vez mejor.
A malos ejemplos e intransigencia, debemos decir ¡basta!
Mientras escribo estas palabras, leo con mucha tristeza una noticia referida a balazos en una toma en Puente Alto y, mientras tanto, en el Liceo Polivalente de La Pintana tenía lugar un altercado indeseable. Esos casos, por lo que leo en diversos medios electrónicos, no son los únicos.
Dado que no quiero que volvamos a la era de las Cavernas, creo firmemente en la capacidad de las personas para llegar a acuerdos por la vía de la razón, conversando y acercando posiciones.
Jóvenes: dejen de confundir los términos y las posiciones. El "Principio de Autoridad" significa que hay personas que toman mayores responsabilidades en favor de otras personas y así, la toma de decisiones básicas queda sometida al criterio de estos responsables, que pasan a ser la "Autoridad". Estar sometido a una Autoridad es una regla básica de la convivencia en sociedad, donde las estructuras están jerarquizadas y, como dice el dicho "Dios es el único que no tiene jefe". Así también lo establece nuestra Carta Fundamental en su Art.7º: "Ninguna magistratura, ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes.
Todo acto en contravención a este artículo es nulo y originará las responsabilidades y sanciones que la ley señale."
Adultos: es nuestro deber restablecer el "Principio de Autoridad" y terminar con su connotación negativa. Tener la Autoridad no implica violencia ni falta de respeto. Ejercer la Autoridad es un proceso complejo que requiere claridad y firmeza, donde además está siempre en claro que la legitimidad de esa Autoridad está basada en el bien común y no en el abuso de poder. Si los jóvenes ven que los adultos no ejercemos ni respetamos a la Autoridad, se sienten con derecho a hacerlo en cualquier momento. De allí a la anarquía es una línea demasiado delgada como para hacer vista gorda.
Cultura y Entendimiento: puntos a favor
Alguna vez me pregunté si había una edad mínima para ser Presidente de Chile. La respuesta venía por el lado obvio: al menos debía tener 18 años, porque es requisito ser Ciudadano de Chile, para lo que debe tener "nacionalidad chilena, 18 años de edad y no estar sujeto a pena aflictiva" (CPR Art. 13º). Averiguando un poco más, llegué al Art. 25º, donde establece una edad mínima de 35 años. ¿Por qué esta edad mínima? Porque debe tener ya una estabilidad mental y cultural que le permitan tomar sus importantes decisiones con mucha más experiencia y respaldo que un adolescente.
Allí hay una base fundamental del entendimiento entre los miembros de una sociedad: el reconocimiento a la experiencia y cultura de otras personas que hacemos cada uno. Obviamente, yo tendría serias dificultades para objetar una decisión tomada por un Director de una Escuela o Liceo, si no cuento con la preparación docente requerida y no tengo la experiencia en el puesto. Sólo podría basarme en el "sentido común" que, lamentablemente cada día queda más comprobado, es el menos común de los sentidos.
De igual forma, como padre o apoderado, decido dejar la educación de mi hijo(a)/pupilo(a) en manos del personal de cierto establecimiento porque cumple los requisitos que yo deseo fijar. Una vez tomada esa decisión, mi hijo(a)/pupilo(a) quedará bajo la responsabilidad y autoridad del personal adecuado en el establecimiento. En ese momento, con toda la libertad que tengo como habitante de un país libre, decido someter parte de mi autoridad a ese mismo personal y ellos, en retribución, me entregan canales por los que puedo dirigir las dudas, quejas o preguntas que considere conveniente.
Las autoridades del establecimiento se comprometen conmigo a cumplir su deber y a comunicarme cada novedad que sea relevante para el desarrollo correcto de esta relación.
Si los padres/apoderados faltamos a nuestro acuerdo permitiendo que nuestros hijos(as)/pupilos(as) se arroguen una autoridad que no tienen, no sólo estamos contraviniendo una norma establecida en nuestra Carta Fundamental, sino además estamos permitiendo que tome decisiones una persona que no está preparada para hacerlo. Eso es una irresponsabilidad además de ser un delito culposo.
¿Permitiríamos que un adolescente fuera Alcalde o Director de un Hospital o conductor de un tren del Metro? Si no hacemos eso, ¿por qué permitimos que nuestros hijos corran los riesgos que corren en estos momentos y nos damos licencia para cometer un delito?
Me parece que ha llegado el momento en que los padres y apoderados retomemos el control de la situación y seamos capaces de establecer acuerdos en beneficio de nuestros propios hijos(as)/pupilos(as). Cualquier acuerdo al que lleguemos, al menos tendrá la validez de que fue tomado por personas con la autoridad necesaria para hacerlo. Ello demostrará nuestra cultura social.
De liderazgos y malentendidos
Al comienzo de estas líneas me referí al acuerdo CRUCH/CONFECH y expuse mis motivos para considerar que los 18 puntos están ya satisfechos. ¿Por qué en éste caso acepto que los alumnos tomen decisiones? Es muy simple: porque son adultos o, al menos, mayores de edad y tienen un régimen de independencia que los escolares no pueden tener.
Ser el líder de un movimiento es emocionante (hay otras personas que escuchan y actúan) pero exige un nivel de responsabilidad tal que no es posible depositar en los hombros de un adolescente. Pretender que es lógico que un adolescente (con la poca experiencia de vida que tiene) pueda decidir los destinos de una comunidad escolar es tan ilusorio como darle el cargo de Presidente de la República. Hay una posibilidad tan baja de que sus decisiones sean acertadas que es más recomendable no correr el riesgo. Eso es un hecho de la causa y no encuentro manera de refutarlo.
Dicho lo anterior, tengo claro que nuestro deber como adultos es potenciar aquellos liderazgos que veamos nacer y guiarlos por el camino de la responsabilidad y la preparación (cultural y personal). Una vez que estén preparados, será natural para ellos ejercer ese liderazgo, pero estarán sujetos a la cultura adquirida, especialmente en cuanto a la Historia. Una dote natural para un líder es lo que las personas llaman "hablar bonito"; sin embargo, esa dote debe estar complementada con vocabulario adecuado, altura de miras y contenido real. Cuando los discursos apasionados son más potentes que los discursos racionales, estamos frente a caudillismos que la Historia ha mostrado siempre como nefastos. Debemos potenciar el liderazgo y no el caudillismo, por el bien de nuestras instituciones.
Las culturas milenarias, todas ellas, han entregado un valor extremo a dos características básicas de una persona: su edad (porque asumen experiencia) y su acervo cultural (porque da muestra de racionalidad). Por algo esas culturas son milenarias, parece que debemos aprender algo de ellas.
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